Bariloche, una hermosa ciudad en la provincia de Río Negro, Argentina, es conocida por sus impresionantes paisajes naturales, lagos cristalinos y majestuosas montañas. Pero también es hogar de una flor única y emblemática: el Amancay. En este artículo, exploraremos las características y la belleza de las flores de Bariloche, así como la maravilloso leyenda que las rodea.
¿Qué son las flores de Bariloche?
Las flores de Bariloche, también conocidas como Amancay, son flores de color amarillo intenso que florecen en la región durante la primavera y el verano. La especie específica que se encuentra en esta área es la Alstroemeria aurea, una planta herbácea que crece hasta aproximadamente 60 cm de altura. Sus hojas son alargadas y de color verde medio, y sus pétalos están recorridos por hilos colorados, lo que les da un aspecto único y llamativo.
Estas flores se pueden encontrar en varios lugares de Bariloche, pero uno de los más recomendados es el Valle del Challhuaco. Este valle cuenta con un vasto bosque de lengas que enmarca las grandes extensiones de flores amarillas, creando un paisaje impresionante y lleno de color. Además de disfrutar de la belleza de las flores, los visitantes pueden realizar caminatas y actividades al aire libre en este entorno natural.
La leyenda de Amancay
La leyenda de Amancay es una historia de amor y sacrificio que se remonta a los tiempos de los pueblos originarios de la región. Según la leyenda, en la zona del Cerro Tronador, habitaba la tribu Vuriloche. Quintral, el hijo del cacique de la tribu, se enamoró profundamente de Amancay, una joven de origen humilde.
Un día, una epidemia comenzó a afectar a la tribu, y Quintral también cayó gravemente enfermo. Desesperados por encontrar una cura, el cacique envió a sus guerreros en busca de Amancay, quien consultó a una Machi para obtener ayuda. La anciana le reveló que la única forma de salvar a Quintral era encontrar una flor amarilla que crecía en la cumbre del Ten-Ten Mahuida.
Amancay se aventuró en la montaña y encontró la hermosa flor amarilla. Sin embargo, al arrancarla, un cóndor descendió y le recriminó por haber tomado una flor que pertenecía a los dioses. El cóndor le propuso un trato: entregarle la flor a cambio de su propio corazón. Amancay aceptó sin dudarlo, ya que su amor por Quintral era más importante que su propia vida.

El cóndor tomó la flor y el corazón de Amancay y voló hacia la morada de los dioses. Allí, las gotas de sangre de Amancay cayeron en los valles y las montañas, dando origen a las hermosas flores amarillas con manchas rojas que conocemos hoy como Amancay. La leyenda dice que regalar una flor de Amancay es entregar el propio corazón a alguien.
Impacto ecológico
Aunque las flores de Amancay son hermosas y emblemáticas de Bariloche, también tener en cuenta su impacto en el ecosistema. Estas flores son una especie introducida en la región y pueden generar desequilibrios en la flora y fauna autóctona. Su alta persistencia y propagación hacen que sea casi imposible desterrarlas por completo.
Además, su gran volumen y densidad voluminosa pueden afectar el crecimiento de la flora autóctona debajo de ellas, y su cualidad leñosa las convierte en especies de alta combustibilidad, lo que aumenta el riesgo de incendios en la zona.
Protección y conservación
El municipio de Bariloche ha tomado medidas para proteger a las flores de Amancay, regulando el corte de sus flores o la extracción de plantas. Mantener los valles y bosques libres de usos extractivos, como la ganadería y la extracción de leña, es fundamental para preservar el equilibrio natural y la belleza de estas flores.

Las flores de Bariloche, también conocidas como Amancay, son una joya natural que embellece los paisajes de la región. Su color amarillo intenso y su leyenda de amor y sacrificio las hacen únicas y significativas. Aunque tener en cuenta su impacto ecológico, su belleza y simbolismo perduran en la cultura y la historia de Bariloche.
